Pequeña historia
Pueblo situado en la antigua ruta romana BRAGANÇA - ASTORGA que con el paso
de los años se constituye en un ramal del CAMINO de SANTIAGO ( de ahí su
nombre). Formado por dos barrios (de Arriba y de Abajo) distantes sobre 1,5 Km.,
pero que antiguamente debieron estar unidos por grandes mansiones, en la
actualidad convertidas en huertas y praderas con cercas de piedra y puertas de
arco.
Destaco, hasta principio de este siglo, como única actividad industrial del
pueblo la arriería, llegando a tener mas de 90 carromatos en las distintas
rutas por tierras de Castilla y Galicia, las mas importantes las de La
Mancha-Galicia; Zamora-Orense; Santander-Astorga; etc. Todos los arrieros tenían
almacenes de mercaderías en todas las ciudades de su ruta, llegando a almacenar
en los del pueblo entre otras mercancías, según cuenta la tradición, hasta
20.000 arrobas de jamones que si valoramos a 52 reales la arroba (1 arroba=11,5
Kg. aprox.), nos puede dar una idea del volumen de negocio que movía esta
actividad (todo es en reales de los años de 1850).
Otros arrieros andaban "al paño", transporte de telas de Béjar a
Galicia, y un tercer tipo de arriería (los de 3ª división) se dedicaban a
llevar vino y aceite hacia el Bierzo y de vuelta traían frutas y verduras.
Con la llegada del transporte ferroviario, los arrieros fueron trasladándose a
las grandes ciudades, donde tenían los almacenes, o emigrando a América del
Sur, Cuba, Méjico decayendo esta actividad e iniciando el ocaso del pueblo.
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La Casona (su historia) |
Aparece por primera vez con este nombre en el siglo XVII, en que pertenecía
al señorío del Obispado de Astorga, actualmente pertenece al ayuntamiento de Santiagomillas. Llego a tener 600 habitantes a principios
de este siglo, actualmente no llega a los 100 h.
Nuestra Señora de las Nieves, el 5 de Agosto.
Antiguamente se realizaban unas rogativas a finales de abril y principios de
mayo entre este pueblo, Val de San Román y Val de San Lorenzo en que un pueblo
era visitado por procesiones de los otros 2, siendo recibidas por una procesión
del pueblo con su tamboril siempre en el mismo lugar e invitando a comer y beber
a los visitantes. A la hora de la despedida en procesión cada pueblo es
acompañado por el anfitrión dónde se despiden con gritos de ¡Adiós
Burbillos!(a los de este pueblo),¡Adiós Valuros!(a los del Val) y ¡Adiós
Arveyos!(a los del Val de Arriba o de San Román); una fiesta muy típica en la
que nos lo pasábamos muy bien, sobre todo los chavales. Creo recordar que a
Valdespino correspondía el 9 de Mayo, al Val la víspera de la Ascensión y a
Val de Arriba el 25 de Abril.
Solo tengo un foto del Ti José trabajando en la herrería. 
Pequeño pueblo, próximo al Val, del
ayuntamiento de Santiagomillas conserva antiguas casas con el tejado de sobera.
Se puede visitar el Molino de Abajo uno de los pocos ejemplares de
molino de los pueblos ribereños que todavía funciona, en invierno cuando
el río Turienzo trae agua. |
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PERSONAJES Mandada construir por SANTIAGO ALONSO CORDERO (1791-1865), hijo ilustre de este pueblo, también conocido como el maragato Cordero; guerrillero durante ocupación francesa y comandante de la milicia ciudadana durante el trienio liberal, gozaba de gran influencia entre los maragatos, por lo que fue nombrado Diputado Provincial y Diputado a Cortes desde 1836, siempre en el partido progresista, que lideraba el General Espartero, con quién compartía mesa habitualmente (vestido con traje maragato, claro), según cita Pérez Galdós en sus Episodios Nacionales. Era uno de los principales capitalistas de Madrid, fortuna que procedía de la arriería y de la concesión del servicio de transporte de mercancías y pasajeros entre Madrid y los puertos del Cantábrico, sus carruajes los llego a utilizar la reina Isabel II en sus viajes a las provincias del norte. |
Adquirió en subasta el convento de San Felipe, en la Puerta del Sol de Madrid,
procedente de la desamortización, por cinco millones de reales que pagó con
bonos vencidos de Deuda Publica que el Estado no le había podido reembolsar,
construyendo un edificio, que todavía perdura, precursor de lo que hoy
conocemos como galerías comerciales. En 1844 hubo de emigrar a Inglaterra por
estar condenado a muerte (CONSPIRACIÓN DE
CORDERO) y estuvo implicado en los sucesos revolucionarios de Madrid (1848)
por lo que tubo que abandonar la capital. Murió siendo vicepresidente de la
Diputación de Madrid en octubre de 1865 en la epidemia de peste que asoló
Madrid. Construyó, para su descanso, esta casa-palacio, que todavía perdura,
conocida como "La Casona" donde centralizó sus negocios de arriería.
Numerosos pueblos de la comarca le dieron su nombre a alguna de sus calles.
Siendo reina Isabel II y jefe de gobierno Ramón María Narváez (1844) de
entre las conspiraciones descubiertas por la policía destaca el ardid que se
empleara con don SANTIAGO ALONSO CORDERO por el entonces gobernador militar de
Madrid, el general Cordova.
Un sargento de San Fernando, llamado Rico, conocía al paisano don José Arilla,
quien le puso en correspondencia con algunos oficiales de reemplazo, y entre
ellos, con un llamado García, relacionado con el coronel Rengifo, que
conspiraba por su cuenta. Estos oficiales, sin relaciones ni recursos, buscaron
a Cordero como liberal y rico; presentáronle al sargento y este le ofreció
ponerle en relaciones con los sargentos de la guarnición, de quienes les
aseguraba estaban deseosos de sublevar sus compañías, y así lo hizo,
presentándolo uno de cada uno de los cuerpos. Notó Cordero que faltaba un
representante de la artillería, y en efecto al día siguiente compareció un
sargento de este cuerpo.
Sin haber dado aun cuenta Cordero a la junta, pues quería sorprenderla con sus trabajos, hizo que el teniente coronel Tejuelo, reuniera estos sargentos y les hablara, para lo cual se reunieron en una casa de la calle de Ministriles, buscada por Rico. Ni Cordero, ni aquellos oficiales sospechaban, que en ella estuviera escondido, oyendo cuanto se hablaba, el brigadier Rodríguez Soler, jefe del regimiento de San Fernando, quien de acuerdo con el general Cordova, gobernador militar de la plaza de Madrid, había ordenado a Rico que se las echara de conspirador; y de aquí que Rico pudiera presentar cuantos sargentos se le pedían, puesto que estos asistían por orden de Cordova. En la reunión de la calle de Ministriles se acordó, que los sargentos tuvieran una entrevista con la junta, que era lo que se iba buscando, para saber con seguridad quienes la componían.
Cordero todo alborozado, llamo a Muñiz, que, con el coronel don Joaquín de la Gándara y don Feliciano Polo, llevaban los trabajos de la guarnición, si bien no se entendían para nada con los sargentos. Al oir Muñiz a Cordero que contaba con noventa sargentos le contesto: "pues ya puede usted emigrar porque de fijo ha caído en una celada". Convinose sin embargo, en que Muñiz hablara en casa del señor Regidor, en la plazuela de Herradores, con Rico. Este no faltó á la cita y Muñiz, al verle vestido de paisano y que para explicarle la razón de aquel traje, le presentó una licencia toda ella escrita y firmada de letra del brigadier jefe del regimiento, comprendió cuanto había en aquella tramoya.
La autoridad militar, viéndose descubierta, metió en la cárcel a Rengifo, Arilla, García, Maiz, Sterling, Asquerino (don Eduardo) y a otros, y no a Cordero, Gullón, Gándara y Muñiz, por las precauciones con que desde entonces vivieron y por no conocer a Muñiz por su nombre y si por el del gaban verde, únicas señas que de él pudo dar Rico. Hasta cincuenta acusados en este complot de la policía, comparecieron ante el Consejo de Guerra, que condenó a muerte a Rengifo, García y Arilla y a los prófugos Cordero, Gullón y Gándara; y a presidio a doce, absolviendo a los demás, entre los que se hallaban doña Josefa Salgado.
Puestos en capilla Rengifo, Arilla y García, EL Eco, EL Espectador y El Clamor Público, demandaron el perdón a la reina; a su petición se asociaron La Esperanza, El Tiempo, EL Católico y EL Heraldo; la reina los perdonó, conmutando la pena de muerte con la de cadena, que con Tajuelo, Maiz, Sterling y tantos más, sufrieron hasta la amnistía de 1847. Pirala, consigna con motivo de esta sentencia, que desde l.o de Diciembre de 1843 hasta 13 de Diciembre del año siguiente, murieron fusilados por delitos políticos hasta ¡doscientos catorce! Y sin embargo, tan bonachones eran los progresistas, que agradeciendo el perdón de Rengifo, García y Arilla, decían en sus periódicos "si Isabel II tiene buenos y leales consejeros, puede hacer la felicidad de España" ¡Ficciones del sistema Constitucional!: perdona un monarca y el es el benigno; no perdona; y sus ministros son los pérfidos que le aconsejan mal.
Esta conspiración, mal dicha de Cordero, pues debe llamarse de Córdova, y la condena a muerte del consejo de guerra es lo que obligo a Cordero a ausentarse de España hasta la amnistía del 1847.
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